11 de diciembre de 2017

100 AÑOS DE DÁMASO PÉREZ PRADO

Celebramos el centenario del creador del Mambo, Suby, Culeta, Ja, Pau-pau, Dengue, Taconazo y otras fiebres bailables más, quien nos visitó en repetidas oportunidades. Acá unas notas que hemos recopilado alrededor de su visita de 1964:

■ Todas sus presentaciones fueron acompañadas por orquestas peruanas con igual número de integrantes (unos 16). Esto era exigencia de la ley que protegía al músico peruano de la competencia extranjera, algo impensable en estos tiempos de liberalismo fujimontesinista.

■ Para promocionar el “dengue” arribó con la bailarina Daisy Guzmán, portorriqueña de candente giros aéreos, a quien descubrió en Las Vegas.

■ Si en 1951 el cardenal Guevara amenazó con la excomunión a los bailadores nacionales, ese año la iglesia se quejó del dengue ante el alcalde Luis Bedoya, quien por Decreto de Alcaldía (¡!) notificó a Radio Victoria-Canal 2 y a Pérez Prado “que dispongan que la bailarina Daisy Guzmán se abstenga de ofrecer exhibiciones obscenas y reñidas con la moral y buenas costumbres, bajo apercibimiento de aplicación de la correspondiente sanción”. No fue el único caso de censura de ese gobierno edil.

■ La respuesta de Damaso fue: “El dengue hay que bailarlo como es” y seguidamente invitó a los medios a una función privada en la que demostró que el baile no tenía nada de inmoral, ganándose de esta manera el favor de la opinión pública.

■ Ese mismo año regresó a Lima, para grabar un LP con músicos peruanos para el sello Odeón, probablemente acompañado de la orquesta de Eulogio Molina reforzada por el inefable “Melcochita”. El disco incluye versiones de los valses “La flor de la canela” y “Limeña”, y un dengue en homenaje al periodista Guido Monteverde: “Antipasto gagá”.

■ Si en 1951 nos dejó al saxofonista argentino Freddy Roland, esta vez jaló a su orquesta al joven percusionista Alejandro Neciosup (luego conocido como Alex Acuña), con quien inició una gira por el hemisferio Norte.

■ En el 2006, Mario Vargas Llosa fue interrumpido en una conferencia, cuando recordaba su fanatismo por el mambo. "¡No diga usted que Pérez Prado hizo conciertos! ¡Ese señor sólo hacía actuaciones!", reclamó un asistente. Mario comentó: “Me han interrumpido muchas veces por motivos políticos, pero jamás me interrumpieron por Pérez Prado". El premio Nobel no solo fue un gran bailarín de mambo, sino que lo usó de motivo en sus novelas y, específicamente, en el cuento “Las chilenas”.



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