Carnavales de rocanrol de 1957 en Lima




La primera vez que se escuchó masivamente un R&R en el Perú fue en el cine Metro, a las 00:00 horas del 28 de agosto de 1955, durante el avant premiere de “Blackboard Jungle" —traducida como “Semilla de Maldad”—, una notable realización de la Metro-Goldwyn-Mayer que gira alrededor de la vida de pandillas escolares y en la que al inicio y final se deja oír “Rock around the clock”, de Bill Haley & His Comets, con el mejor sonido de la época: estéreo perspecta.

Pero cuando el R&R alcanzó su consagración definitiva fue en el verano de 1957, con la llegada de la película “Al compás del reloj” al circuito de los cines de barrio, reinando en los carnavales de ese verano.



«El R&R se bailó en todas las fiestas» de Carnaval, anotó el diario Última Hora, desde las organizadas por las asociaciones de mercados, agrupaciones departamentales, cooperativas y sindicatos hasta las organizadas por los clubes privados como el Lawn Tennis (cuya fiesta se anunciaba como “Rock and roll en Harlem”), Circolo Italiano (“Rock… en el infierno”) y el Waikiki (con concurso de baile R&R con vestimenta hawaiana).

Y en los hogares, en donde a mitad de la canción se golpeaba el tocadiscos con el talón cambiando de velocidad a la canción, no faltó un vinilo de R&R. Claro, no todo fueron victorias. En el Club Huancayo se realizó una competencia R&R vs huayno: «Triunfó el huayno, con lo que se reivindicó a la música peruana venida a menos en estos carnavales» (diario La Crónica).

Pero sobre todo se bailó en las fiestas organizadas para los niños y adolescentes; entre globazos, primeros bailes y declaraciones de amor.


El miércoles de ceniza del 57 llegó con el terrible récord de doce muertos y tres mil heridos (El Comercio), ninguno por causas musicales directas. La Crónica propuso una cabeza de turco: «Prohíben R&R en Lima. Se reunirán concejales de la Municipalidad de Lima, según fuentes oficiosas», y llamaba la atención del arzobispo de Lima, Juan Landázuri Ricketts, para que se pronunciara en su contra. Pero la Iglesia Católica se encontraba concentrada en otros problemas: un proyecto para construir una elefantiásica iglesia de cinco cúpulas en la ermita de Santa Rosa era cuestionada por la feligresía que reclamaba un uso más caritativo del dinero.

En sus casas, los jóvenes continuaban ensayando al pie del tocadiscos sus danzas sexuales, con acrobáticos pasos como la hélice, el sapito, la supersónica, el puente o el mortal tirabuzón.

Hugo Lévano, en "Días felices" (2012).


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