Arkham, Lima




Hace ochenta años un temeroso hombre moría en la pobreza y era enterrado sin placa en el nicho de su familia.

En el 2017, su literatura de antiguas razas y deidades intergalácticas llenan los estantes de las librerías y parece más actual su profecía de que algún día el ser humano enloquecerá por la revelación de nuevos conocimientos y se refugiará en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas.

Las traducciones de Howard Phillips Lovecraft parecen haber llegado frecuentemente a olvidadas librerías limeñas de la Plaza San Martín por lo menos desde los años cincuenta, ganando tanta popularidad que desde fines de los sesenta sus cuentos empezaron a aparecer en revistas y diarios nacionales. Por ejemplo, la ilustración que compartimos pertenece al conocido dibujante nacional Juan Acuña Pichilingue y acompaña el cuento “El templo”, aparecido en el diario Extra en 1970.

Desde entonces, el literato de lo que no puede ser expresado no ha dejado de pasear su figura por las noches limeñas, a pesar de haber sido completamente ignorado por años por el academicismo literario.

Próximamente quisiera contarles sobre centenarios ritos a pulpos en las playas limeñas que aún perduran, pero ahora tengo que dejarlo acá, “oigo ruidos en la puerta, como si forcejeara en ella un cuerpo inmenso y resbaladizo”.


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Una edición en francés de Lovecraft (“En la noche de los tiempos”) perteneciente a la biblioteca del iluminado historiador peruano Pablo Macera. Edición de 1969 que incluye además “La llamada de Cthulu”, “Las montañas de la locura” y “Los sueños en la casa de la bruja” (Hugo Lévano).



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