23/1/18

Nicanor Parra




A fines de 1966 Nicanor Parra llegó a nuestra ciudad, invitado por el departamento de Extensión Cultural de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). El recordado periodista Manuel Jesús Orbegozo le realizó un “anti-reportaje” en Magdalena del Mar para El Dominical, que transcribimos completo a continuación, respetando el peculiar estilo en que fue redactado.

Solo unos meses antes, el arribo de Pablo Neruda y su condecoración con la Orden del Sol fue exhaustivamente cubierta por los medios. Todo lo contrario a la visita casi desapercibida del autor de “Yo soy el Individuo”.

La foto superior lo muestra en la UNI, en uno de los pocos recitales ofrecidos, acompañado de su sobrino, el músico Ángel Parra, hijo de Violeta. El repertorio de Ángel por esos días incluía temas del folclore latinoamericano y canciones de su madre, quien ese año dio a conocer su último disco publicado en vida, que incluía temas como "Gracias a la vida" y "Volver a los 17”.
* * *

NICANOR, EL DEL ANTIPOEMA“ANTI” REPORTAJE POR MANUEL JESÚS ORBEGOZO

He entrevistado a Nicanor Parra, antipoeta
y catedrático de Mecánica Racional, chileno,
de Chillán para ser más exacto, y estar a tono
con las ciencias que él enseña y de las cuales vive
"porque a estas alturas, hombre, déjate de bromas,
la poesía no da a veces, ni para comer".

Lo he entrevistado cuando los acontecimiento
con relación al 1957 no han cambiado mucho:
Ese año –en el antipoema– la Sagan dio vuelta de campana .
Ese año lo hace Kim Novak en “The Sunset Boulevard”
muere otro diplomático alemán en Santiago
los ministros tratan de conservar la línea
281 personas perecen en el mar Egeo, y qué raro,
en Huancayo, Abdulá Mustafá Alí mata a otro árabe.

Nicanor Parra, en un restaurante de Magdalena, saborea
una banderilla de anticuchos, mientras rojos claveles
le rinden homenaje por ser él quien quiere
tirar a la basura todo lo que se ha venido escribiendo
durante medio siglo de poesía, señoras y señores,
tratándonos de tomar el pelo como a unos reverendos
tontos solemnes que él detesta
ya sean de izquierda o de derecha.

Y bueno, comiendo, comiendo yo le he preguntado
¿por qué tan surcado de arrugas? Y él me ha contestado
que no son arrugas sino cicatrices. Y ha recordado
escenas desastrosas: la epilepsia,
las peleas a cuchillo entre los borrachos,
su infancia sin zapatos y sin padre y el rostro
de su madre multiplicándose y dividiéndose
para alimentar a ocho hijos.
Y ha recordado el día exacto en que llegó a Santiago
y nadie fue a recibirlo como ahora que van
a los aeropuertos y le ofrecen casa y comida
y lo invitan a Moscú, a La Habana o a New York

para que hable en el "Pen Club";
como ahora que es protagonista de anécdotas memorables
voy a contarles una: la que ha pasado
en la residencia del Rector de la UNI
la noche en que le ofreció un cocktail.
Hasta allí llegó otro matemático chileno, colega suyo
llamado Abuabuada que en árabe quiere decir
"el que lleva el agua".
Abuabuada se encontró en la reunión con el poeta y, vaya uno a saber
con qué intención, le dijo: "Hola, Parrita,
y tú, qué haces aquí?
Entonces, Parra se quedó de una pieza: "¿No será –dudó-
que este cóctel no lo han hecho para mí?".

Cuánto me alegra ver a Nicanor Parra que se devora
los anticuchos y saborea
un vinito que, sin saber que era tan caro,
yo pedí al mozo que nos lo sirviera.
Y bueno, yo le pregunto a Parra si su poesía
sólo es una reverenda Cueca Larga,
si nos quiere meter gato por liebre.
El me contesta que no, que su poesía
es un grito de guerra contra los reducidores de cabezas,
una cosmovisión, una cruzada,
porque no se concibe que nosotros sigamos bailando
el "Danubio Azul" cuando los astronautas ya casi
le rozan las barbas a Nuestro Padre Eterno.
Más temprano, en el Crillón, afirmó que su poesía
es la oscilación entre lo trivial y lo trascendente,
que su poesía es una montaña rusa,

en una feria donde él hace de juglar,
tratando, con gran sentido del humor que el hombre olvide
los vicios del mundo moderno:
los trucos de la alta banca ,
el reblandecimiento de los favorecidos por la fortuna,
la pena de muerte que pende sobre alguien, etc.
Nicanor quedó encantado de los que lo entrevistaron
porque hablaron muy bien sobre Eliot,
Paul Eluard o Ezra Pound a quienes él admira,
pero considera sólo surrealistas teorizantes.
Allí habló sobre la Relatividad, pero no les dijo que
la importancia de la poesía crece en razón directa
al cuadrado de la velocidad de la luz,
cuya fórmula me parece que es: E igual a mc al cuadrado.

Le he preguntado, como "Portal", si no se siente
identificado con Don Quijote de la Mancha.
Me ha contestado que no, que él no ataca los molinos
de viento creyéndolos gigantes, sino ataca a
los gigantes creyéndolos molinos de viento.

Indudablemente Parra no es ahora el mismo de antes.
Es decir, ahora no va a ser loco de matricularse
para seguir tres profesiones a la vez y además,
ser inspector del Internado Barros Arana
tener 17 años y una desnutrición de nacimiento.
Claro que el ímpetu sigue igual. Escribe, afirma,
todos los días y actualmente debe entregar a Losada
su último libro titulado “Camisa de Fuerza”.
A propósito de camisa, Parra no es aliñado, no cuida
pequeños detalles (ahora mismo tiene un puño descosido).

Le he preguntado si en Chile es el número uno.
Él se limpia con la servilleta y medita
porque para mentir y comer pescado hay que tener cuidado.
"No puedo contestarte esa pregunta", me responde
pero ya los críticos lo han hecho oportunamente.
En las antologías van callando a Neruda, a Huidobro
y en cambio hablan de Parra, de Gonzalo Rojas, de Lihn.
Parra repite: "Es feo que tenga que decirlo yo mismo,
pero mi planteamiento afecta no sólo las ramas
de la poesía nacional, sino las raíces mismas
de los árboles que forman el bosque".
–¿Eres, entonces, el precursor de la antipoesía?
–Aceptando que nada nuevo hay bajo el sol,
yo publiqué "El gato en el camino" el año 1935,
antes que los europeos inventaran el "anti"-todo.

De esto no me dejará mentir Jorge Millas".
-¿Y el mensaje de Neruda sobre el hermetismo poético?
–Tomás Moro prologó en 1942, "Tres poetas chilenos"
y habló sobre una nueva luz en la poesía.
¿Sabes qué luz era esa? –me preguntó el antipoeta,
pero yo no le supe contestar como es debido.

Parra quisiera como postre unas uvas, como esas del valle
de Chillán, pero "Sólo hay manzanas, señor, o peras de agua”.
Parra dice que él estaba obsesionado por escribir
poesía como lo estuvo por aprender matemáticas
y de hecho se arrancó con "Déjeme pasar, señora,
que voy a comerme un ángel".
 

La señora era la poesía.
Al libro lo conocen como "Romancero sin nombre"
porque "Sin nombre" se llamaba el almacén de su barrio.

Enamorado de Lima –"de no vivir en Santiago viviría
aquí o en La Habana"– el antipoeta dice que su teoría
no es la divina pomada. Al contrario, aconseja
a los que se inician: "Escriban como quieran".
Ama la libertad de expresión y por eso protestó
cuando los rusos acallaron a Daniel y Siniavski,
pero al mismo tiempo protestó contra Valeri Tarsi
y lo paró en seco cuando acusó a la URSS
de totalitarismo cultural que "no es cierto".

El mozo pasa y repasa como diciendo
"¿Puedo traer ya la cuenta?" como que, en efecto,
la trae dobladita y yo patino en seco al ver
¡qué caros son ahora los restaurantes de Magdalena!
Entonces nos salimos a buscar algo nuevo
como él hizo en su país, por ejemplo:
Nacionalizar la poesía.
(Y pensar que hay quienes están contra el sistema).

Vamos por la Avenida Salaverry. Parra califica
a los poetas chilenos, "Salvo honrosas excepciones"
de padecer de retoricismo galopante.
Y repite: "Ya no hay derecho, hay que abrir las puertas
y ventanas para que nos entre el oxígeno”.
Luego abre su corazón para vaciar su agradecimiento
a Aristófanes, a Chaplin, a los "rotos" chilenos
y a Vallejo de quien, dice, ha aprendido mucho.

Recita en el camino partes de "Los Caballos
de los Conquistadores" o de "Canto Coral a Túpac Amaru"
Recuerda a Ciro tecleando "La Serpiente de Oro"
y habla de Arguedas, de Hereaud y de Germán Belli.
Justamente Belli estaba por ahí esperando su ómnibus.
Lo invitamos a subir. Él sube. (Un clásico ha subido).
Como el tránsito amodorra, Nicanor pone la primera piedra
de la llamada flema británica: Ha bostezado,
lo cual no está muy bien para un latino,
pero como él ha vivido en Oxford, sabe
que emocionarse eso sí sería mala educación.

Parra que comenzó en cero y que ahora
tiene hasta una chimenea de piedra en su cabaña,
recuerda a su hijo Nicanor de 18 años
que está dando la vuelta al mundo
como "Help boy" a bordo de un barco sueco.

Y a Catalina hoy casada con un discípulo
de Ortega y Gasset, a quien escribiera alguna vez:
"Aunque sólo seas/ vista a la distancia/
niña inolvidable/ Catalina Parra".
Y por supuesto también ha recordado a su hermana
Violeta y a su sobrino Ángel, folkloristas los dos.

Catedrático de los “beatniks” como Ginsberg,
que quisiera firmar los poemas de Parra
no comulga con el partido único
y, para que lo sepan, le parece muy bien que nadie
se enriquezca a costa de los demás. Él no sabe
el “modus operandis” para que se liberen los explotados,
pero recomienda que si lo hacen no sea por la violencia,
“porque las ideas son las ideas y la muerte es la muerte.
 

Yo no tengo temor a mi propia muerte,
sino a la muerte de los demás”.

En el hotel, antes de despedirnos, con los ojos
me anuncia que va a escribir una filípica contra
los plátanos orientales, porque despiden un polen
que lo ponen de muerte. El es asmático.



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