Paren todo: ¡McGuinn llegó a Lima!


Escriben: Gonzalo Alcalde, Hugo Lévano y Diego García Hildebrandt



Es bien sabido que The Byrds fue una de las bandas más influyentes de la historia. Sin su aporte, serían inimaginables el folk rock, la sicodelia y el country rock tal como los conocemos hoy, y su influencia guitarrera se mantuvo clarísima en las bandas de rock más melódicas del “underground“ de los años 80, 90 y hasta la actualidad. También es ampliamente conocido que Roger McGuinn (nacido James Joseph McGuinn en Chicago, 1942) fue la única figura constante en medio de numerosos cambios de formación y sonido, y que su guitarra de 12 cuerdas y su voz constituyeron el sello más distintivo de la banda que existió entre 1964 y 1973.

Lo que muchos ignoran, pero está ampliamente documentado, es que anteriormente y desde muy joven McGuinn tuvo una distinguida carrera en el folk norteamericano, aprendiendo a interpretarlo en una prestigiosa escuela de Chicago (Old Town School), y tocando la guitarra y el banjo como profesional acompañando a The Limeliters, Judy Collins y The Chad Mitchell Trio, entre otros. A inicios de los sesenta el folk era muy popular en varios sectores del público estadounidense, especialmente entre universitarios, y poco a poco el material tradicional fue acompañado de manera más visible por contenidos cargados políticamente y “canciones de protesta“ en una época convulsionada de Guerra Fría, lucha por derechos civiles, asesinatos de autoridades y más.

Pero lo que hasta ahora nadie había notado es que McGuinn no sólo se presentó como “folkie“ en cafés y universidades de Estados Unidos, sino que llegó a tocar a Lima (¡sí, Lima!) en 1962 como instrumentista del Chad Mitchell Trio, y no tocó una, sino tres veces. Las pistas estaban ahí pero había que atar los cabos: McGuinn mismo hablando de su gira latinoamericana con el Trio (que fue lo último que hizo con ellos) en un documental y en su propio blog; la lista de ciudades sudamericanas en las que se presentaron como “artistas consagrados“; y los recortes de diarios limeños de la época que la Columna Beat tiene en su archivo. Estos últimos destacaban la presencia de un cuarto miembro del “trio“, un jovencito llamado Jim.





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Con un McGuinn que aún no cumplía los 20 años, el Chad Mitchell Trio llegó al aeropuerto de Limatambo el jueves 24 de mayo de 1962, tocando en la noche del día siguiente en el Teatro Segura y el 26 en dos ocasiones: por la mañana otra vez en el Segura en función gratuita para jóvenes y por la noche en el auditorio del Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) del entonces jirón Cusco (antes de convertirse en avenida Emancipación). Venía de tocar en Brasil, y, según los diarios y revistas de la época, enrumbaría luego a Argentina, Chile, Paraguay, Venezuela y República Dominicana.

Lo primero que debió de llamarles la atención fue el desatado clima electoral que se vivía. Por medio de TV, radio, volantes y hasta vinilos, los siete candidatos presidenciales y los más de mil postulantes al parlamento cantaban sus glorias en medio de un clima de violencia entre partidos. Las elecciones del 10 de junio acabarían anuladas, unas semanas después, por las fuerzas armadas. 

La turbulencia política del momento no solo era limeña, era nacional y mundial: las guerrillas campesinas en el Cusco (lideradas por Hugo Blanco) y la amenaza nuclear, que cobraba vigencia por las pruebas de bombas por parte de Francia y Estados Unidos, robaban los titulares de la prensa nacional.

Aunque parezca contradictorio, la política era muy relevante para la visita de un conjunto relativamente apolítico como el Chad Mitchell Trio. Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, se redoblaron los esfuerzos del gobierno estadounidense, bajo la Alianza para el Progreso de Kennedy, por fortalecer los vínculos con la región, y promover su prosperidad, democracia y estabilidad (y aunque hoy parezca mentira, uno de sus objetivos era promover la reforma agraria en nuestros países). Claro que la motivación no era desprendimiento ni altruismo: consideraban que debían detener como sea el avance de la ideología socialista que encontraba tierra fértil en la región más desigual del mundo, en plena Guerra Fría y poco después de que el planeta estuvo al borde del apocalipsis con la crisis de los misiles.

El intercambio cultural era un complemento natural para la Alianza para el Progreso iniciada en 1961, pero no convenía enviar cantantes con mensajes abiertamente subversivos que pudieran contribuir a encender polvorines, sino a los relativamente más pulidos y tradicionales. En efecto, la gira por Sudamérica y el Caribe fue auspiciada por el mismo Servicio de Información (USIS) del Departamento de Estado en Washington. Los medios locales anunciaron que la gira fue presentada por el Programa Cultural Internacional de los EE.UU. Sin embargo, esto no significa que el grupo fue totalmente apolítico en su carrera; por el contrario, gradualmente fueron incorporando más sátira social y política en su material.



Foto promocional para la actuación del Chad Mitchell Trío. Al parecer NO es una foto de sus actuaciones en Lima. 


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Mientras tanto, el twist y las baladas norteamericanas al estilo de Gene Pitney y Bobby Vee sonaban por la radio limeña, y Los Kreps, Anita Martínez, Joe Danova, Gustavo “Hit” Moreno y el brasileño Sergio Murillo eran los principales representantes de la música que encandilaba a los jóvenes en la capital.

El ICPNA también ayudaba a difundir la música de su país –desde el folklore hasta el jazz– promoviendo reuniones de escucha de discos en sus aulas y charlas acerca del tema a cargo de aficionados peruanos (como el periodista Mario Castro Arenas o el poeta Francisco Bendezú) y melómanos estadounidenses de paso por Lima. Además, apoyaban a cultores nacionales de jazz como Jaime Delgado Aparicio, Willy Marambio y Eduardo Arbe, entre otros; y auspiciaba –junto con la embajada– la visita del grupos como el vocal King´s Heralds (vocal), la familia Christman (instrumental), el sexteto de jazz de Paul Winter, y el Coro de la Universidad de Howard (intérpretes de espirituales hasta música clásica), todos ellos con destacadas actuaciones en ese año.




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Pero en 1962, ninguna de las notas relacionadas con los espectáculos donde participó el Trio, ni del ICPNA ni de la embajada, hablaba de rock and roll o de la música de protesta. En realidad, tampoco había mucho en el repertorio del Chad Mitchell Trio en América Latina que pudiera augurar el futuro como rockero del joven Jim.

Sí había, sin embargo, en su técnica en la guitarra y banjo mucho que adelantaba lo que haría pocos años después en la Rickenbacker de 12 cuerdas. Sus dotes como instrumentista ya eran impresionantes, y para 1962 McGuinn era más que un simple músico de apoyo para el trío. Su disco más reciente en ese momento, “Mighty Day on Campus“ lo mostraba en la portada (eran en la práctica un curioso trio de cuatro) y en los créditos de grabación, años antes del debut de Mr. Tambourine Man. Justamente esta rápida prominencia de McGuinn en un grupo ya establecido generó una serie de choques de personalidad con el núcleo del trio, y su asociación con el grupo duró muy poco tras el fin de la gira.

El show que el Chad Mitchell Trio presentó en Lima tenía dos partes: una primera dedicada a la música folclórica estadounidense, con elementos de música negra, sureña y de las montañas Apalaches; y una segunda mitad dedicada a la música tradicional inglesa, escocesa, irlandesa y del resto del mundo no angloparlante, incluso de América Latina. Aunque no contamos con el repertorio completo, se afirmaba en una nota periodística local que el 90% de sus temas eran tradicionales, y un 10% de compositores “modernos“.

Dice una nota del mismo 26 que la presentación del 25 fue un “extraordinario éxito“, bajo el encabezado “Cantantes folklóricos yanquis triunfaron en el Segura“. Y no sólo eso, también destaca algunas canciones del repertorio, y entre varios temas tradicionales hay dos que, de manera enigmática, llevan paréntesis: “Abilene (Jim McQuinn), Pretty Polly (McQuinn)“. Evidentemente con McQuinn (sic) se refieren al futuro líder de los Byrds pero, ¿será que él mismo cantó dichos temas? No encontramos fotos ni videos de Jim cantando o teniendo un segmento solista con el Chad Mitchell Trio, pero todo hace pensar que efectivamente, Lima tuvo un pequeño avance de lo que se venía años más adelante.

Pretty Polly es una canción tradicional inglesa que fue grabada por The Byrds más adelante, en la época de su legendario Sweetheart of the Rodeo (1968), y el tema cantado por Roger McGuinn aparece como pista adicional en reediciones de dicho disco y en algunos compilatorios. Abilene, por su parte, fue escrita a inicios de los sesenta por los compositores Bob Gibson y John Loudermilk, pero aparentemente no fue grabada más adelante por McGuinn.

Todo indica, entonces, que a principios de los 60 tuvimos en vivo y en directo en Lima un adelanto de algunos de los momentos más destacados del rock de esa década, pero presentado en un contexto que difícilmente podría haber sido menos rockero. ¿Alguien recordará esos conciertos? ¿Habría quizás en esa audiencia juvenil del 26 de mayo algún chico que luego formaría alguna banda peruana de los 60? Por ahora no encontramos fotos, y mucho menos grabaciones, pero mantenemos las esperanzas de acceder a un testimonio más directo.






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