Las transformaciones llevadas a cabo por el gobierno de Juan Velasco Alvarado resonaron también en la vida musical nacional, para bien y para mal.
Por un lado, la Ley de Comunicaciones 19020 (1971) exigió a las radios a que el 60% de su programación fuera producida en Perú, con lo cual el año siguiente se vivió un auge de música nacional de todo género (incluido el rock).
Por otro lado, las leyes de propiedad industrial chocaron brutal y directamente con las empresas privadas, muchos de las cuales llegaron a auto sabotear su producción y condujeron al país a un momento de inestabilidad política que afectó también a algunos sellos musicales. A partir del gobierno del felón Morales Bermúdez (1975-1980), que en un primer momento prometió continuar las reformas velasquistas, se vivió un limbo político y un declive en la producción de música nacional.
En la foto, el 3 de octubre en el Jr. De la Unión, al pie de una conocida tienda de discos.
3 de octubre de 2018
Hippies criollos hostigados bajo la administración de Belaunde y Bedoya
Censurable expulsión de hippies criollos de la Plaza de Armas de Lima. Esta foto circula en algunas páginas de Internet como prueba del acoso de Velasco al rock; sin embargo, el hecho sucedió en el verano de 1968, bajo la presidencia de Fernando Belaunde y la alcaldía de Luis Bedoya. En momentos que las fiestas hippies desbordaron la moda barrial y se instalaron en locales como el Embassy, del Centro de Lima, que sería clausurado en octubre de 1968 por el ministro Artola, uno de los primeros actos de la administración velasquista.
Walter Paz (Los York’s) testimonió esos momentos para el libro “Días felices”: «Me acuerdo mucho que un día andaba yo por el jirón Moquegua cuando desde un ómnibus Cocharcas-José Leal me tiraron basura. Y es que a todos los pelucones nos gritaban: “Homosexuales, maricones”. Yo tenía el pelo hasta los hombros pero tenía que cubrírmelo debajo de la camisa muchas veces. Y es que con las botas, con los jeans, las pelucas largas, cerquillos algunos, pantalones carpa, camisas de bobos y todas esas “mariconadas”, como nos gritaban de los ómnibus, íbamos a contracorriente, era nuestra forma de protestar contra el establishment. Prácticamente el pelucón vivía un apartheid».
En democracia o dictadura, no dejaron en paz a los hippies criollos…

Walter Paz (Los York’s) testimonió esos momentos para el libro “Días felices”: «Me acuerdo mucho que un día andaba yo por el jirón Moquegua cuando desde un ómnibus Cocharcas-José Leal me tiraron basura. Y es que a todos los pelucones nos gritaban: “Homosexuales, maricones”. Yo tenía el pelo hasta los hombros pero tenía que cubrírmelo debajo de la camisa muchas veces. Y es que con las botas, con los jeans, las pelucas largas, cerquillos algunos, pantalones carpa, camisas de bobos y todas esas “mariconadas”, como nos gritaban de los ómnibus, íbamos a contracorriente, era nuestra forma de protestar contra el establishment. Prácticamente el pelucón vivía un apartheid».
En democracia o dictadura, no dejaron en paz a los hippies criollos…

Censura en la "democracia" de Belaunde y Bedoya, en los años 60
A propósito, la administración de los cines, y los espectáculos que en ellos se ofrecieron como las matinales, estuvo a cargo de la Municipalidad de Lima, específicamente de Luis Bedoya Reyes entre 1963 y 1970; y no se ha encontrado ninguna prueba que corrobore la recurrida frase Velasco-cerró-las-matinales. * * *
En 1966, un movimiento nacido en la Municipalidad de Lima plantea censurar los nombres “raros” de las partidas de nacimiento. La nota explica: “También se cuidará que los nombres estén de acuerdo con los apellidos de los peruanos… No se aceptará, por ejemplo, que un padre quiera poner a su hijo “John” cuando el apellido es Ingoroca. “George” cuando el apellido es Condori”. En fin, iniciativas bárbaras del gobierno oligárquico en el Perú.
Junio de 1966, la policía municipal impide la presentación de la obra de teatro “La ópera de dos por medio”, por evidentes motivos políticos.
Junio de 1966, la Junta de Supervigilancia de Películas censura películas como “Morir en Madrid” y “El silencio”. Además, a fines de ese año, según notician los diarios, se prohibieron exhibiciones de “El acorazado Potemkin” y “Morir en Madrid” en el cine club de la Universidad Católica.

El ridículo puritanismo llevó a Luis Bedoya Reyes a censurar el baile del dengue en 1964, que puso de moda Pérez Prado y su bailarina Daizy Guzmán. Igual los bailes se llevaron a cabo.
Este libro trata sobre la política del gobierno de Belaunde de requisa y censura de libros, que en anteriores gobiernos democráticos también existió.

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